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Es la/el profesional sanitario encargado de la prevención de enfermedades bucodentales y la promoción de la higiene oral. Su labor principal es mejorar tu salud mediante la educación, el diagnóstico preventivo y el mantenimiento de tus dientes y encías. 

El higienista dental se ha consolidado como una pieza clave en las clínicas odontológicas modernas. Pueden actuar como ayudantes y colaboradores de los facultativos médicos y odontólogos, realizando funciones técnico-asistenciales. Entre sus funciones diarias están:

-aplicar tratamientos de periodoncia.

-dar consejos de higiene oral a l@s pacientes.

-aplicar flúor y sellar fosas y fisuras.

-controlar y prevenir las enfermedades bucodentales.

-ayudar al odontólogo en distintos procesos y tratamientos, como la realización de exámenes radiológicos o el registro de los datos clínicos del paciente.

Una de las tareas más conocidas de l@s higienistas es la realización de limpiezas dentales profesionales, también conocidas como profilaxis dental. Se llevan a cabo con el objetivo de eliminar el sarro y la placa bacteriana que se acumula en los dientes y que puede provocar problemas como la caries o la enfermedad periodontal. 

Por otro lado, pueden explicar al paciente la forma correcta de cepillarse, usar el hilo dental y otros productos de higiene bucal. Esto es especialmente importante en el caso de niñ@s y adolescentes, que a menudo necesitan una mayor orientación para mantener una buene higiene oral. 

Asimismo, pueden asesorar sobre los alimentos beneficiosos y perjudiciales para la salud dental y transmitir la importancia de las revisiones periódicas con el dentista. 

El Centro Odontológico ALAIA tiene un equipo de higienistas dentales que te asesorarán y solucionarán todas tus dudas sobre salud bucodental. Su enfoque en la educación y la atención preventiva ayudará a reducir la incidencia de patologías, mejorando así tu calidad de vida. Son grandes profesionales a tu servicio. La primera línea de defensa ante los problemas de salud oral.

La clave es la relación bidireccional entre ambos conceptos. Una mala salud bucodental dificulta el control de la tensión arterial mientras que la hipertensión y sus medicamentos pueden causar sequedad bucal y encías inflamadas. 

Una tensión arterial alta es uno de los principales factores de riesgo de las enfermedades cardiovasculares, sobre todo, la enfermedad coronaria y cerebrovascular. También incide en patologías renales crónicas, insuficiencia cardíaca y la demencia. 

Veamos primero el impacto de la hipertensión en la boca:

-Periodontitis: la inflamación crónica de la tensión alta afecta a los tejidos periodontales.

-Sequedad bucal: muchos fármacos, como los diuréticos, disminuyen el flujo salival, aumentando el riesgo de caries e infecciones.

-Hiperplasia gingival: algunos medicamentos también pueden provocar un crecimiento excesivo de las encías y su sangrado.

-Problemas vasculares: la reducción del flujo sanguíneo a las encías debilita los tejidos, facilitando la enfermedad periodontal.

Veamos ahora el impacto de la salud oral en la hipertensión:

-Infección periodontal: las bacterias de las encías enfermas pueden entrar al torrente sanguíneo, aumentando la inflamación sistémica y elevando la presión arterial.

-Según recientes estudios, una mala salud oral hace que los medicamentos para tratar la hipertensión sean menos efectivos. 

-Riesgo duplicado: la presencia de periodontitis severa duplica el riesgo de padecer hipertensión arterial. El tratamiento odontológico de esta patología contribuye significativamente a mejorar el control de la tensión.

En cuanto a las primeras medidas que podemos adoptar para reducir riesgos, será fundamental dejar el tabaco y no tomar alcohol de manera habitual. Con una buena higiene oral, una alimentación equilibrada y la práctica deportiva, lograremos grandes resultados. La colaboración entre el médico de atención primaria y el odontólogo será vital para un tratamiento integral.

Si tienes hipertensión, no dudes en comentarlo con l@sprofesionales de ALAIA. De esa manera, podrán brindarte una atención dental adecuada y ajustada a tus necesidades. 

Ir al dentista durante el embarazo es totalmente seguro y muy recomendable. En esta etapa, es importante mantener una buena salud bucodental ya que las infecciones o la inflamación pueden derivar en complicaciones gestacionales. El especialista debe conocer tu estado para ajustar el tratamiento. 

Entre otras cosas, el odontólogo evitará los medicamentos y procedimientos que están contraindicados durante este periodo. 

El cuerpo de la mujer experimenta muchas alteraciones que pueden afectar de manera directa a la dentadura. Los cambios hormonales hacen que las encías estén más sensibles y sangren con mayor facilidad. La salud periodontal se relaciona con diferentes factores de riesgo como: bajo peso del recién nacido, parto prematuro o preeclampsia. 

Además, los posibles vómitos matutinos aumentan el ácido en la boca, lo que eleva el riesgo de caries. Esto también puede causar erosión dental, tanto del esmalte como de la dentina. El desgaste del diente favorece la sensibilidad al frío o al calor. 

Durante los meses de gestación, se recomienda realizar visitas trimestrales. En caso de tener que hacer un tratamiento, el odontólogo valorará la urgencia de la afección y la posibilidad de adaptarlo a la situación. Por lo general, se pueden realizar procedimientos como un empaste o una endodoncia y también se puede extraer una muela. Los temas que generan más dudas son el uso de anestesia y la toma de radiografías. 

En cuanto a lo primero, sí se puede recibir anestesia local si la paciente requiere un tratamiento de urgencia. Se usarán anestésicos específicos, en cantidades muy pequeñas. En cuanto a las radiografías, se consideran un procedimiento seguro con un riesgo extremadamente bajo. No obstante, las evitaremos en el primer trimestre del embarazo. A partir de ahí, el dentista determinará cuándo son necesarias y se seguirán los protocolos pertinentes para limitar la radiación lo máximo posible (colocaremos un delantal y un collarín de plomo a modo de protección).

Por lo general, el segundo trimestre del embarazo se considera el más seguro para realizar los tratamientos dentales no urgentes. Esto se debe a que en dicho periodo ya se ha completado el desarrollo de los principales órganos vitales del feto, lo que reduce notablemente los riesgos asociados a determinados procedimientos o medicamentos. Además, en esta etapa, la paciente suele encontrarse mejor físicamente.

La prevención será la clave para mantener una buena salud oral en esta etapa de la vida. Y, para ello, no hay que olvidar la higiene diaria y contar siempre con el consejo de nuestro dentista.

La mucositis es la inflamación de la mucosa de la cavidad oral, que puede extenderse a toda la mucosa del tracto gastrointestinal y es una complicación observada frecuentemente durante los tratamientos contra el cáncer. Afecta a más del 40 por ciento de pacientes oncológicos. 

Estas terapias bloquean la capacidad reproductiva de las células epiteliales basales. La ausencia de células nuevas provoca una disminución de la mucosa, que se vuelve atrófica y propensa a la ulceración. Es una patología dolorosa y debilitante, con riesgo de infección, que afecta a la masticación, la deglución y, en ocasiones, a la capacidad de hablar. Es decir, deteriora significativamente la calidad de vida del paciente. Incluso, suele ser causa frecuente de interrupción o retraso del tratamiento oncológico.

Además de la quimio y la radioterapia, hay otros factores que pueden favorecer la aparición de la mucositis o influir en su extensión. Entre ellos se encuentran la desnutrición, la deshidratación, una higiene oral deficiente, el tabaquismo, el deterioro del sistema inmunitario o una predisposición genética. También existe la mucositis periimplantaria, es decir, una inflamación reversible de los tejidos blandos que rodean un implante dental. Aunque comparte signos inflamatorios, su origen está relacionado con la respuesta local al implante y no con terapias sistémicas. 

El tratamiento de la mucositis está dirigido a aliviar los síntomas. Para controlar el dolor, generalmente, se recomiendan enjuagues con soluciones antiinflamatorias, anestésicos locales y antimicóticos, para evitar la sobreinfección. Para mejorar los síntomas, el consejo es mantener una buena higiene bucal en casa y, si es necesario, aumentar la frecuencia del cepillado utilizando un cepillo de cerdas suaves que debe cambiarse a menudo para evitar infecciones. Será recomendable tomar alimentos refrescantes, beber pequeñas cantidades de agua con frecuencia y evitar el tabaco y el alcohol. 

El abordaje de la mucositis requiere una estrategia multidisciplinar que combine la prevención, el alivio de los síntomas y el control de las infecciones que puedan surgir. 

Con un tratamiento adecuado, la recuperación de esta patología puede durar entre dos y cuatro semanas, aproximadamente. No obstante, esto puede variar en función de la terapia específica contra el cáncer a la que se someta el paciente. Una vez curada, la mucositis no deja síntomas residuales ni otras consecuencias. 

A pesar de su frecuencia, sigue siendo una afección poco conocida. Detectarla a tiempo y aplicar un manejo correcto puede acortar su evolución y disminuir su gravedad.

Las encías son fundamentales para la salud bucodental ya que sostienen los dientes, protegen el hueso maxilar contra las bacterias y absorben la presión masticatoria. Unas encías sanas previenen infecciones como la gingivitis y periodontitis, evitando la pérdida de piezas dentales y enfermedades sistémicas. 

A menudo pensamos en los dientes cuando hablamos de la salud oral. Sin embargo, las encías pueden darnos muchas pistas sobre lo que está ocurriendo en nuestra boca, e incluso en nuestro organismo.

La enfermedad de las encías, generalmente, es indolora y el signo más frecuente de una patología es el sangrado. Tanto la gingivitis como la periodontitis son enfermedades crónicas inflamatorias que afectan a cientos de millones de adultos en todo el mundo. Desafortunadamente, todavía son poco reconocidas por la población general. Todo comienza con la acumulación de placa bacteriana en la línea de las encías. Si no se trata, puede progresar hasta convertirse en una infección más grave que daña los tejidos blandos y óseos que sostienen los dientes. 

Las primeras señales pueden ser: encías rojas e inflamadas, sangrado al cepillarnos o pasarnos el hilo dental, mal aliento persistente, retracción que hace que los dientes parezcan más largos de lo normal o sensibilidad dental. Si notas alguno de estos signos de enfermedad de las encías, es importante actuar de inmediato para prevenir problemas más graves. Programa una cita con tu dentista para una exploración que nos servirá para valorar la gravedad de la patología. 

Es importante también evitar aquellos alimentos que sean proinflamatorios, como los azúcares refinados. Si mejoramos la dieta, podría optimizarse la respuesta de nuestro sistema inmune frente al biofilm bacteriano y mejorar la salud gingival. También es incuestionable el abandono del hábito tabáquico, así como llevar un estilo de vida saludable. 

Los expertos refieren que es fundamental seguir trabajando en estrategias de prevención y cuidado de los tejidos periodontales que, a su vez, sabemos que contribuyen a mejorar la calidad de vida y la salud general. Actualmente, la enfermedad de las encías es la sexta patología más frecuente a nivel mundial.

Con la llegada de la primavera y el aumento de los niveles de polen, muchas personas empiezan a experimentar síntomas típicos de las alergias estacionales, como la congestión nasal, estornudos o el picor de ojos. Estos procesos también pueden comprometer la salud bucodental. 

Existe una relación directa entre los mecanismos inflamatorios propios de las alergias y una mayor vulnerabilidad a problemas dentales y encías. 

Uno de los efectos más frecuentes es la boca seca o xerostomía. Las personas alérgicas suelen respirar por la boca ante la dificultad para hacerlo por la nariz, lo que reduce la humedad natural de la cavidad oral. Esto se ve agravado por el uso habitual de antihistamínicos, que disminuyen la producción de saliva. Otro síntoma que puede derivarse de las alergias es el dolor dental inespecífico. Se debe a que la inflamación de los senos paranasales genera presión en las raíces de los dientes, especialmente los molares superiores. Por otro lado, las encías pueden resentirse ya que las reacciones inflamatorias no sólo afectan a la nariz o a los ojos, sino también a los tejidos blandos de la boca. 

Además, el goteo posnasal, la acumulación de mucosidad que cae desde la nariz hacia la garganta, puede generar un entorno propicio para la proliferación de bacterias en la boca y la faringe. Esto contribuye al mal aliento o halitosis y puede tener un impacto significativo en el bienestar diario. Algunas personas pueden experimentar aftas o llagas en la boca debido a la reacción del sistema inmunológico ante los alérgenos. Estas pequeñas heridas pueden ser muy dolorosas y tardan varios días en sanar. Como consejo, hay que evitar los alimentos irritantes como los ácidos o picantes y utilizar el gel cicatrizante que te recomiende tu dentista para aliviar las molestias. 

Hay varias pautas que evitan que las alergias pasen factura a la salud oral: 

-Beber agua de forma frecuente.

-Evitar enjuagues con alcohol.

-Refuerzo de la higiene oral en los periodos alérgicos.

-Uso de soluciones salinas, que reducen la mucosidad.

-Revisión dental estacional, al inicio de la primavera o el otoño.

En el caso de las personas mayores, el cuidado bucodental durante los periodos de alergia cobra aún más importancia. A medida que envejecemos, la producción natural de saliva tiende a disminuir y muchos tratamientos farmacológicos, habituales en esta etapa vital, también favorecen la sequedad bucal. El riesgo de sufrir caries, infecciones orales o problemas en las encías se incrementa notablemente. 

Consulta en ALAIA. Cuidamos tu salud oral también en primavera. 

La placa dental es una sustancia que se forma debido al crecimiento bacteriano y la acumulación de residuos de alimentos y se adhiere a la superficie de los dientes. Si no se elimina a tiempo con el cepillado, puede calcificarse y convertirse en sarro. 

Está compuesto en su mayor parte (del 70 al 90%) por elementos inorgánicos -sales minerales-, que se combinan con sustancias orgánicas como proteínas, carbohidratos y, en menor medida, lípidos.

La causa principal por la que se acumula es la falta de higiene oral o el uso de una técnica incorrecta. Pero también puede aparecer al fumar, cuando hay sequedad bucal o con la existencia de malposiciones o apiñamiento dental, pues se hace más complicado acceder con el cepillo a ciertos puntos. Factores genéticos, hormonales o ciertos medicamentos también pueden favorecer la aparición de esta sustancia. 

Hay sarro supragingival, que se ve a simple vista porque está por encima de la encía y siempre es más fácil de eliminar. Pero también hay sarro subgingival, por debajo de la encía, extendiéndose en la raíz del diente, por lo que puede llegar a formar bolsas periodontales, caries y mal aliento. 

Cuando la placa dental se ha calcificado y ha formado el sarro, la única manera de eliminarlo es en consulta. Tras el diagnóstico, el dentista realizará, en base a la profundidad a la que se encuentre, uno de estos tres tratamientos: 

-Una limpieza profesional.

-Un raspado y alisado radicular.

-Una cirugía en casos de enfermedad periodontal avanzada. 

Lo importante es prevenir y, para eso, además del cepillado dental, debemos recurrir al hilo dental o incluso los cepillos interproximales. También hay que acordarse de limpiar la lengua. Se recomienda el uso de dentífrico con flúor ya que éste incrementa la resistencia del esmalte dental ante los ácidos derivados del crecimiento bacteriano y de los restos de alimentos que forman la placa. No fumar y mantener una dieta saludable, disminuyendo el consumo de azúcar, también será de ayuda. 

Recuerda que, si no se trata, el sarro puede debilitar las estructuras que sostienen los dientes, provocando su pérdida. 

La caries dental se manifiesta como una afección progresiva que deteriora los tejidos duros del diente. Este proceso se origina por la actividad de bacterias específicas que se adhieren a la superficie de la pieza, formando una película conocida como placa dental. Es la patología que afecta a más personas en el mundo.

La causa de la caries está directamente vinculada a los ácidos producidos por la placa bacteriana, que progresivamente disuelven el esmalte y la dentina. Este proceso no sólo compromete la integridad estructural del diente, sino que también puede conducir a la necesidad de realizar empastes dentales o, en casos severos, a la extracción de la pieza. 

Las etapas de la caries progresan desde el esmalte hasta la pulpa y el hueso. Podríamos apuntar cinco fases: 

-Manchas blancas. Desmineralización: las bacterias atacan el esmalte, reversible y sin dolor.

-Deterioro del esmalte: éste se erosiona, creando porosidad. La caries avanza, pero puede ser reversible con un tratamiento temprano.

-Afectación de la dentina: la caries llega a esta capa más blanda, causando sensibilidad o dolor al frío/calor. Requiere un empaste. 

-Afectación de la pulpa: la infección alcanza los nervios y vasos sanguíneos, provocando dolor intenso y espontáneo. El tratamiento común es la endodoncia.

-Absceso y pérdida dental: la infección se extiende al hueso, formando un absceso o flemón y dolor intenso al masticar. Puede llevar a la pérdida del diente y requiere intervención urgente. 

Por lo tanto, la caries no aparece de la noche a la mañana y es crucial detectarla y tratarla en sus fases iniciales. Así, evitaremos el dolor, tratamientos más complejos e, incluso, la pérdida del diente. Además, debemos tener en cuenta que es posible no experimentar ningún síntoma si la caries está en esas primeras etapas. 

Mantener una buena higiene oral, visitar al dentista regularmente y considerar tratamientos preventivos como selladores y fluoruro, pueden ayudar a mantener los dientes sanos.

Es importante recordar que la caries dental es una de las afecciones infantiles crónicas más comunes. Los niñ@s tienen más probabilidades de sufrir esta patología ya que el esmalte de los dientes de leche es más delgado y más sensible que el esmalte de un adulto. Por eso, es importante asegurarnos de que no consumademasiados alimentos o bebidas azucaradas y de que se cepille los dientes con regularidad. 

Una mala mordida puede estar detrás de un dolor de espalda, una digestión pesada o una fatiga exagerada. Así lo señala la Sociedad española de Ortodoncia y Ortopedia Dentofacial(Sedo). 

Esta sociedad científica alerta de esta manera sobre los efectos reales de una mala oclusión en la salud general y el bienestar diario. Es una realidad ampliamente avalada por estudios científicos que han demostrado que puede generar trastornos en el descanso, en el rendimiento físico y en la salud musculoesquelética. Y ahí es donde se reivindica la ortodoncia como una herramienta terapéutica clave para mejorar la calidad de vida de las personas y no sólo para lograr una buena estética dental. 

Es decir, corregir una mordida no sólo mejora la sonrisa, también puede aliviar dolores cervicales, mejorar la respiración durante el sueño y favorecer una digestión adecuada. El desajuste de esa mordida también puede favorecer la tensión mandibular, el bruxismo y la fatiga física y mental. 

Es importante el diagnóstico temprano y el tratamiento personalizado, especialmente en niñ@s y adolescentes. Esto es debido a que muchas de estas alteraciones pueden abordarse mejor si se detectan a tiempo. La revisión ortodóncica temprana permite establecer un plan de actuación progresivo, adaptado al crecimiento y desarrollo del paciente. 

Tenemos más argumentos. Una mordida equilibrada previene dolores de cabeza y problemas de la articulación temporomandibular (ATM). Además, mejora el habla y la dicción y contribuye a la estética facial. Tampoco queremos olvidar este último punto ya que una sonrisa armónica contribuye a una mayor confianza y autoestima en la persona. 

Existen diferentes tratamientos dentales para corregir la mordida. Se personalizan según las necesidades individuales y pueden abordar tanto problemas estéticos como funcionales. Los más conocidos son la ortodoncia tradicional con brackets y la ortodoncia invisible con alineadores transparentes (Invisalign).

El dentista examinará tu dentadura y te orientará sobre el tratamiento más adecuado para lograr el objetivo. En algunos casos, puede ser preciso un abordaje multidisciplinar entre varios especialistas. 

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La osteoporosis debilita los huesos y aumenta el riesgo de fractura. A nivel bucodental, puede dificultar la colocación de prótesis e implantes por la pérdida de fuerza del hueso. 

Se trata de una enfermedad esquelética que se caracteriza por una disminución de la densidad de la masa ósea. Cuando eso ocurre, los huesos son más porosos y se vuelven más frágiles. Es decir, se fracturan con mayor facilidad. 

En teoría, las personas alcanzan su mayor cantidad de masa ósea entre los 30 y los 35 años. A partir de esa edad, se va perdiendo de manera natural. Las mujeres sufren dicha pérdida con más intensidad debido a que la menopausia contribuye a empeorar la situación. El consumo de ciertos fármacos, la alta ingesta de alcohol y algunas enfermedades endocrinas o hepáticas también pueden aumentar la posibilidad de sufrir osteoporosis. 

La salud bucodental se ve tan afectada con esta enfermedad que muchas veces son los propios dentistas los que detectan las primeras señales y orientan el diagnóstico. Se pueden ayudar de una radiografía para observar que el hueso se está reduciendo. 

A nivel oral, esta patología incide especialmente en el hueso mandibular y en el maxilar superior. Puede originar que los implantes y las prótesis no se puedan colocar con facilidad. En los casos más graves, incluso, podría llegar a deformar el rostro. La pérdida de densidad del hueso también puede provocar que se pierdan piezas dentales. Para las personas con pérdida ósea importante sería necesario un injerto, que toma hueso de otra parte del cuerpo para colocarlo donde es necesario y crear así una base estable o mejorar el ajuste y estabilidad, por ejemplo, de las dentaduras postizas. 

Es una enfermedad que puede llegar a ser grave por lo que es vital que l@s pacientes con osteoporosis comuniquen a su dentista el tratamiento que reciben. Así, el especialista vigilará cualquier posible efecto adverso en la boca. Esta patología también genera dificultades en la cicatrización, encías retraídas por la pérdida de soporte óseo y mayor riesgo de fracturas maxilofaciales.

Consejos:

-Higiene oral rigurosa para reducir el riesgo de enfermedad periodontal.

-no ignores la movilidad dental o cambios en tus encías.

-mantén revisiones periódicas con el dentista, sobre todo, si tienes factores de riesgo: menopausia, antecedentes familiares o tratamientos con corticoides.

-informa al odontólogo si ya tienes el diagnóstico de osteoporosis: el enfoque en tratamientos como implantes o extracciones debe adaptarse a tu caso. 

Si siempre es esencial cuidar la salud de la boca, lo es todavía más si padecemos osteoporosis. Por eso, no dejes de seguir nuestros consejos.