En 1965 se colocó el primer implante dental en una persona. Desde entonces, el campo de la Implantología oral ha progresado de manera notable no sólo en el apartado materiales sino también en técnicas y aparatología.

Toda la mejora en procedimientos y la innovación tecnológica hace que la tasa de éxito en los resultados supere el 95 por ciento de los casos.

Pero la duda más habitual en consulta es saber si son para toda la vida. En principio, los implantes están pensados para ser un tratamiento definitivo. Eso sí, con un mantenimiento. No se puede establecer una fecha de caducidad pero lo que sí se puede afirmar es que, bien cuidados y revisados por tu dentista, durarán muchos años. Lo importante es confirmar que mantienen su funcionalidad.

Y, para ello, hay dos factores que juegan un papel básico: las características anatómicas y fisiológicas de la persona y sus hábitos en higiene bucodental diaria. Si el paciente cumple el calendario de revisiones y cuida su salud oral al máximo, podríamos hablar de muchos años de vida útil.

Hay un factor que queremos destacar aquí. Un fumador tiene cinco veces más riesgo de tener periodontitis, una patología que afecta a las encías y que, a su vez, eleva el riesgo de perder piezas dentales. Las personas que fuman tienen el hueso menos oxigenado y esto hace que aumente la posibilidad de perder un implante. El tabaco afecta sobremanera a la salud oral y, más concretamente, al hueso mandibular, que puede sufrir alteraciones y se puede perder, con lo que un implante perdería la sujeción. Es algo a tener muy presente y puede ser un buen motivo para intentar dejar de fumar.

Siempre es importante recurrir a nuestro dentista de confianza que nos dará todas las garantías en cuanto al uso de los mejores materiales. En ALAIA sabemos que sólo unas pocas marcas de implantes están avaladas científicamente y son nuestro referente para alargar la vida de los trabajos y que no aparezcan problemas como mucositis, periimplantitis o pérdida del implante.

Nuestro Centro Odontológico dispone, además, de cirugía navegada (X-Guide), tecnología puntera para colocar implantes en la ubicación ideal, con una planificación previa digital realizada por ordenador, con un escáner 3D del paciente. La cirugía es más confortable y segura.

La falta de uno o más dientes puede suponer un problema serio que perjudica a la función de masticación y a la fonética. Por supuesto, con la importancia que hoy en día tiene la estética, es algo que puede afectar a la autoestima de la persona.

Si tomamos la decisión de colocarnos un implante, lo primero que debemos tener claro es la necesidad de que sea un especialista quien lleve a cabo el proceso de reestructuración dental. El conocimiento y experiencia de un buen profesional redundará en el éxito del implante.

No obstante, para que la fijación de las piezas sea exitosa es muy importante que el paciente presente una salud gingival óptima. Es decir, que tenga unas encías sanas y libres de cualquier tipo de infección.

Un implante dental es una pieza de metal hecha de titanio, que se inserta en nuestros huesos maxilares y, a través de un proceso de unión de algunos meses, se funde con los huesos. Posteriormente, se procede a la colocación de la pieza externa o corona, es decir, la parte visible.

Con esto, hay varios elementos que pueden afectar a su duración: la calidad de hueso de nuestros maxilares, el titanio del implante y la corona del diente. Esa calidad de hueso dependerá de nuestra alimentación, de la edad, de las pérdidas dentales que tengamos y, especialmente, del tiempo que dejemos pasar entre la pérdida del diente y la colocación del implante. Las técnicas han mejorado mucho a lo largo de los años y en escasas ocasiones se requiere de una intervención agresiva para reconstruir el hueso perdido.

El otro elemento que citábamos es el titanio. Entre sus características está la no oxidación. Por ello, conserva su masa de forma intacta y no se desgasta con el paso del tiempo. La colocación de un implante de baja calidad puede ser el motivo principal del fracaso.

El último elemento es la corona. Se realiza en porcelana o zirconia, materiales muy resistentes, tanto a golpes como a cambios bruscos de temperatura. Aunque es la pieza del implante que más fácilmente puede notar el paso del tiempo, una corona bien cuidada durará muchos años. Además, si hubiera rotura o deformación es una pieza fácilmente reemplazable. Eso sí, hay que revisarla cada cierto tiempo como parte del mantenimiento natural de tu implante.

En ALAIA somos especialistas en Implantología Oral.
Materiales de alta calidad y técnicas innovadoras: larga vida a tus implantes.